

La explosión que cambió España: reflexión sobre la era Alonso
Es difícil de imaginar ahora, pero la Fórmula 1 fue una vez una nota tranquila en España. Antes de Fernando Alonso, el corazón deportivo del país pertenecía estrictamente al fútbol, al tenis y al baloncesto. Entonces, la explosión sucedió. Como Pedro de la Rosa —ahora embajador de equipo para Aston Martin— lo pone, cuando Alonso empezó a ganar, la nación no se interesó; se convirtieron en fanáticos. Fue el primer piloto español verdaderamente exitoso, y trajo consigo el "Marea Azul", un mar de azul y amarillo que convirtió cada carrera en una extensión de la bandera asturiana.
Esto no era sólo sobre los dos Campeonatos Mundiales en 2005 y 2006. Fue el espectáculo de su conducción, desde ese legendario regreso de 2012 en Valencia a su audaz movimiento en Lewis Hamilton en el 2023 Gran Premio Bahréin. Los fans lo sentían entonces, y ahora lo sienten. Ya sea tomando el sol en Interlagos o o olfateando flores en la pluma de los medios, Alonso es un personaje que trasciende la máquina. Para una generación de fans, verlo correr se convirtió en un ritual religioso, una experiencia dominical compartida que se trasladó de la sala de estar a las tribunas.
Hoy, la devoción sigue siendo asombrosa. En el Circuito de Barcelona-Catalunya, la atmósfera es eléctrica, con tribunas que ahora cuentan con 'Alonso Land' para celebrar el piloto de Aston Martin. Su legado está grabado en las carreras de los que siguieron, desde el piloto de Williams Carlos Sainz a la Fórmula 2 Mari Boya, que creció viendo esas mismas transmisiones dominicales. Como dijo un observador, no hay una sola persona en España trabajando en el paddock F1 hoy que no está ahí por él. Ese es el verdadero y hermoso peso de su legado.



